Mar 182013
 

Aún es pronto para lanzar las campanas al vuelo, pero esto pinta bien
 
217201[1]Tuvo que parar, mirar al frente, tragar saliva y continuar el discurso ante los aplausos eternos, las banderas de España ondeando al viento y los gritos con su nombre. Fernando Alonso en su hogar, el podio de un gran premio de Fórmula 1, y a 17.508 kilómetros de su casa de Oviedo, reclamado como un héroe a ojos de los que viven sus hazañas. Otro podio, el número 87, por detrás de Kimi Raikkonen, ganador de la carrera. Por delante de Sebastian Vettel, tercero. Sólo tercero.

Y es que hay ocasiones en las que una persona se hace grande a los ojos del mundo y su figura es capaz de empequeñecer a la que tiene al lado. El pasado jueves, en el retorno del Mundial de Fórmula 1 a las noticias, Sebastian Vettel ejercía de campeón en título en la primera rueda de prensa del año. Junto a él, Fernando Alonso parecía el veterano derrotado ante el empuje de la nueva estrella. Pero eso fue el jueves…

Ayer el jefe volvía a ser Alonso. Y es que una vez apareció la verdad de la Fórmula 1, ese instante eterno en el que los semáforos se apagan y unos virtuosos del volante se juegan la existencia con el destino y otros tantos genios, se revela la realidad que puede cambiarlo todo. Y ahí el asturiano siempre destaca. Es un animal de carreras.

El día de ayer empezó en Albert Park con una calificación en la que Sebastian Vettel conseguía la pole más esperada, una más y además acompañado en la segunda posición por su compañero Mark Webber. Red Bull para el inicio. Parecía que habíamos regresado al dominio de 2011. Pero después se apagaron los semáforos. Y comenzó la batalla.

La carrera comenzó con una extraordinaria salida de los dos Ferrari. Felipe Massa partía cuarto y Alonso quinto, pero al finalizar la primera vuelta estaban sólo por detrás de Vettel. Webber hundido en sus malas salidas, Lewis Hamilton adelantado sin compasión.

Pronto se vio que los superblandos eran tan frágiles como parecía y en la vuelta cinco Jenson Button tenía que entrar a cambiar, en la siete Vettel y en la ocho Massa, y Alonso ya era líder de carrera. Virtual. Porque no fue hasta el segundo pitstop, cuando el español decidió parar antes que el resto en una maniobra arriesgada cuando no fue líder real. Ahí pasó a Vettel y a su compañero de equipo. Por delante, virtual también porque le quedaban dos paradas, Hamilton, al que el asturiano destrozó con derrapada del inglés incluida.

Pero en esta fiesta había dos invitados. Uno, Adrian Sutil con el Force India, buena estrategia para él al menos si quería salir en la tele: dejar los superblandos para el final. Y fue en las últimas vueltas cuando le fueron adelantando muchos hasta terminar séptimo.

El otro fue más peligroso. Kimi Raikkonen, que salía séptimo, y su Lotus que adora los Pirelli pararon una vez menos que el resto de favoritos y eso le valió para ganar la carrera con doce segundos sobre el español. Kimi y Fernando luchando, como en los viejos tiempos.

Antes de comenzar la recta final de la carrera, el de Ferrari marcaba vuelta rápida tras vuelta rápida para acercarse a Sutil y Raikkonen, estaba muy cerca, a menos de tres segundos del líder, cuando primero Sutil y después dos doblados le destrozaron el ritmo en esa vuelta. Ése fue el último de los inconvenientes de Fernando, primero había sido Massa en la primera vuelta, después Vettel y por último Hamilton. Le sobraron esas batallas.

Hubo un tiempo en el que terminar una carrera por detrás de Raikkonen era un drama, hoy es una sonrisa. Porque detrás estaba el enemigo íntimo, incapaz sin un avión en las manos con el grito de alegría ahogado ante la realidad. Vettel, el tricampeón, más pequeño, como de costumbre ante la figura de un español cada vez más grande. Kimi lidera, Seb es menos y Alonso está en la lucha. Esta vez sí tiene coche, uno rojo, de los de verdad, no el naranjita de los últimos años, un monoplaza capaz de volar en la carrera en manos del mejor piloto de la actualidad. Ya tiene Ferrari. Buenas noticias.

Vía As.com

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