• mié. Jul 24th, 2024

Enterrado con honores de Estado

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Héroe muerto y glorificado

Una de las características del alma brasileña es la del culto emotivo al héroe muerto. Ya es costumbre de este pueblo, que tantas frustraciones y privaciones sufren a diario, reverenciar, en el velatorio y en el entierro, a aquellos pocos personajes a los que elige como héroes.

Para el brasileño, el triunfo de Senna en la Fórmula 1, el deporte de más alta tecnología del mundo, llevó al país a ser reconocido en todo el globo y a aproximar a Brasil al llamado Primer Mundo. El éxito de Senna representaba la superación de los fracasos del pueblo. La fatídica curva de Tamburello representó la muerte de más de un sueño, y la Nación entró en trance. No era de extrañar, por lo tanto, que millares de personas se reunieran para rendir un último tributo a su héroe nacional. Por eso, la conmoción fue general y se vivió un clima de desesperación, de histeria y de fiesta religiosa, saludando con cánticos la marcha del ídolo amado.

El pueblo lo espera en Cumbica

A la llegada del avión al aeropuerto de Cumbica, en cuyas vías de acceso se registraba un gran movimiento, soldados de la Policía de Aeronáutica sacaron el ataúd por la puerta de atrás del avión y lo colocaron en una plataforma elevadiza. El cuerpo de Ayrton Senna estaba de nuevo en suelo brasileño. Cadetes de la Escuela de Policía Militar lo transportaron hasta un coche de bomberos en presencia de las autoridades: el gobernador del estado de S. Paulo, Paulo Maluf. En ese momento, automóviles y camiones hicieron sonar sus bocinas. Algunos aplaudían; otros lloraban.


250 mil personas acompañan al cortejo fúnebre

El cortejo fúnebre (acompañado por cerca de 250 mil personas y transmitido en directo por las cadenas de televisión brasileñas y por Eurosport para millones de espectadores) recorrió los 31 km que separan el aeropuerto de Cumbica de la Asamblea Legislativa, en Ibirapuera.

Según la compañía de tráfico, la caravana llegó a tener 101,8 km de largo, comparado con los 50 km de los días ‘normales’.

Por el camino se veían caras tristes, banderas brasileñas, carteles con fotos del piloto… En las calles, los apresurados paulistas se detenían, los vendedores ambulantes se acercaban y aplaudían al ídolo que pasaba. Con la misma intensidad de dos meses antes, en Interlagos. Las cintas cubrían de verde el camino recordando a Senna. De los balcones caía una lluvia de papel. Y no eran por alegría de un Año Nuevo, sino por la tristeza de una Nueva Era sin Senna.

Por la Avenida 23 de mayo, el cortejo llegó a la Asamblea Legislativa. Miles de personas esperaban para velar el cuerpo de Senna. Los amigos, los amantes, los destrozados por el orgullo robado, para llorar por el maldito muro, para reír por tantas alegrías que nos diste, Ayrton, para decirte que tu memoria estará siempre con nosotros. El ataúd fue introducido en el edificio por cadetes de la Aeronáutica, que tuvieron que abrirse paso entre tanto político oportunista. Eso fue lo que vi en la televisión, en Lisboa, quieto en mi tristeza, sin voluntad de aparecer, con voluntad de olvidar la Fórmula 1 durante un tiempo.

 

200 mil personas en el velatorio

Acudir al entierro de Ayrton Senna reveló de nuevo la capacidad de dedicación, obstinación y paciencia del aficionado brasileño en homenaje al héroe muerto.

Según la Policía Militar, más de 200 mil personas acudieron a velar a Senna durante las veintiuna horas y diez minutos que las puertas del hall de la Asamblea Legislativa estuvieron abiertas al público. La cola llegó a ser de hasta 7 km, y los brasileños esperaban una media de siete horas para ver el ataúd del piloto. Se calcula que, a paso rápido, cada segundo pasaban tres personas por delante del féretro. En realidad, ninguna pudo ver el cuerpo del piloto, pues el ataúd había sido forrado con zinc y estaba soldado, y no poseía visor. Aunque al llegar a Brasil la caja podía haber sido abierta, la familia lo impidió, alegando como motivo el estado de desfiguración del piloto.

 

Prost comparece en la despedida de Senna

Uno de los momentos de mayor emoción fue la presencia de Alain Prost en el velatorio. Prost entró acompañado de Betise Assumpcao. No se aproximó al féretro, sino que lo rodeó un par de veces a cierta distancia e hizo la señal de la cruz. Con él estaban Patrick Faure y Christian Contzen, presidente y director de Renault Sport.

Prost estuvo cerca de 10 minutos, y recibió un emotivo abrazo de la última novia de Senna, Adriane Galisteu. Gerhard Berger, Rubens Barrichello, Christian Fittipaldi y Pedro Lamy fueron los otros únicos pilotos de Fórmula 1 que acudieron al velatorio. Frank Williams pasó por allí sin pronunciar palabra. Estaba sinceramente emocionado y lloraba todo el rato. El comportamiento del patrón de McLaren, Ron Dennis, fue muy diferente. Xuxa Meneghel, que entró en la sala pocos minutos después de la salida de Adriane Galisteu, mereció atenciones especiales de la familia. Llegó y se fue en el coche que transportó a los padres y hermanos de Senna.

La popular presentadora brasileña acarició el féretro y lloró. Después de Xuxa, se acercaron al ataúd el padre, Milton da Silva, la madre, Neyde, la hermana, Viviane, con su marido, Flávio Lali. Mientras que los padres pudieron controlar su emoción, la hermana cogió el casco de encima del féretro y se abrazó a él, llorando convulsivamente. Su hermano Leonardo se unió a ella.


 

Enterrado con honores de jefe de Estado

Bajo una salva de 21 disparos, efectuados por cuatro cañones del 2º Ejército, y acompañado de bocinas y sirenas, el coche de bomberos, que transportaba el ataúd de Senna, dejó Ibirapuera a las 10h del 5 de mayo en dirección al cementerio de Morumbi.

El deseo del pueblo era entrar allí para asistir al entierro. Un fuerte dispositivo policial, a tres kilómetros del cementerio, frustró a todos. Desde allí hasta el lugar en que sería enterrado Senna sólo podían pasar los invitados de la familia y los periodistas.

Dentro del cementerio, 15 pilotos y ex pilotos aguardaban la llegada del cuerpo de Senna: Emerson, Wilson y Christian Fittipaldi, Barrichello, Moreno, Boesel, Prost, Stewart, Herbert, Boutsen, Berger, Alboreto, Lamy, Stuck, Warwick y Hill. Cuando llegó el coche de bomberos, los pilotos acudieron para conducir el ataúd hasta la sepultura. Xuxa Meneghel llegó en el coche de la familia del piloto, mientras que Adriane hizo el recorrido en uno de los autocares que transportó a los amigos. La familia Senna estaba inexplicablemente fría con Adriane y parecía que Xuxa merecía todas las atenciones familiares. La caja con el cuerpo de Ayrton Senna pasó de las manos de los cadetes a las de los pilotos. Entonces soldados del Ejército brasileño dispararon tres salvas de tiros de fusil. Poco después pasó la escuadrilla aérea. Faltaban cinco minutos para mediodía cuando el féretro fue cargado de nuevo en hombros de 12 cadetes de la Policía Militar que lo llevaron a la sepultura. La ceremonia de encomendación del cuerpo duró 40 minutos.

A las 12h 35m, la Escuadrilla aérea diseñó en el cielo un corazón y la “S” de Senna.

 

 

Lluvia de críticas

Tras el entierro del tricampeón, algunos de los asistentes, influenciados por la emotividad del acontecimiento y abatidos con la muerte de un compañero, no dejaron de lanzar duras críticas a la FIA.

“Todos los promotores de la Fórmula 1 deberían escuchar a los pilotos para no tomar decisiones aisladas”, recomendó Emerson Fittipaldi.

“Nunca más voy a sentarme en el cockpit de un Fórmula 1 en memoria de Ayrton Senna – declaró Alain Prost -. Fuimos enemigos muy próximos porque siempre competíamos. Senna era el único piloto al que yo respetaba. Era muy difícil competir con él. Y al final nos hicimos amigos”. El domingo, delante de todos, dijo: “ya lo estoy echando de menos en las carreras de Fórmula 1”. “Sin Senna, la Fórmula 1 jamás volverá a ser la misma”, garantizó Prost.

Gerhard Berger afirmó: “Va a pasar mucho tiempo antes de que yo vuelva a entrar en un coche de Fórmula 1”. El austríaco estaba doblemente abatido porque al día siguiente debía asistir al funeral de su compatriota Ratzemberger.

 

 

Bajo el Ipé amarillo

Ahora, el hombre que murió centenas de veces en las pantallas de televisión, cuyo monoplaza chocó exhaustivamente contra un muro en una pista italiana y cuyo nombre fue repetido por el mundo entero, queda sólo una eterna felicidad. Su cuerpo descansa en el punto más alto del cementerio de Morumbi. Sólo una placa de bronce, bajo la sombra de un ipé amarillo: “Ayrton Senna da Silva –21/03/60 y 01/05/94 – Nada puede separarme del amor de Dios”.

Entre los miles de mensajes que llegaron de todo el mundo, había uno muy especial: “Apreciado Ayrton: muchas gracias por los buenos momentos que pasamos juntos. Nosotros, que tuvimos el placer de conocerte personalmente, como todos los que te acompañaron en tu carrera, te recordaremos siempre. Esperamos que tu familia tenga fuerzas para superar este gran dolor. Queda en paz. Equipo McLaren”.

Se fue un campeón, pero queda el mito que permanecerá siempre en los anales de la historia del automovilismo mundial, en la memoria de los brasileños y de todos aquellos que directa o indirectamente disfrutaron con él y los que se interesan por la Fórmula 1.

Se acabó el sueño del pueblo brasileño y de los amantes de la Fórmula 1. Todos los domingos. Quedarán siempre en la memoria los momentos sublimes.

 

Último paseo de Ayrton Senna

¡¡ Tu que corriste tanto, que despacito llegaste a tu destino final ¡¡

¡¡ Murió el campeón. Viva el campeón. Paz a su alma ¡¡

 

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