Ago 222015
 

Décima pole de la temporada para el británico que le metió medio segundo a Rosberg

1440248998_extras_noticia_foton_7_1[1]No colocó el casco. Gesto menor, dirá alguien, tonterías de periodista, coincidirá aquel, no lo hace nunca, terminará el otro… Quizá. Pero lo cierto es que, aunque a veces lo parezca y se haya trasplantado un corazón zen en cascarón asturiano, en ocasiones a Fernando Alonso le debe salir la paciencia por los poros de la piel y antes de ir a dar la cara y el alma ante los periodistas para intentar explicar lo que ni él mismo se podía esperar se le puede escapar alguna mueca para su interior, para esa intimidad que no posee. Y es que hace tiempo que el español tuvo que pagar ese peaje, aunque no lo quiera, aunque no lo sepa, incluso. Pues así quedó el casco, boca arriba, con la abertura mirando al techo del box de McLaren, olvidado hasta que lo recoja el centurión Edo Bendinelli.

Porque hay cosas que es complicado aguantar, a pesar de los pesares, de los millones de euros, del equipo trabajando a mil revoluciones por segundo, del convencimiento de un año de sufrimiento, a pesar de todo, no es fácil descubrir que ni has dado una tanda larga en todo el fin de semana, que no has podido salir a rodar en los últimos libres, que en la calificación finalmente completas cuatro vueltas, una cronometrada y con un tiempo solo mejor que los dos Manor y a casi tres segundos del mejor y con una sanción de 50 puestos, y salir penúltimo en la carrera. Y…Ahí quedan los puntos suspensivos para que sigan poniendo, porque seguro que hay mucho más que escribir, por mucho que nos duela a todos y tanto que duele ver al mejor sufriendo de esta manera.

Cambiando de piloto y hablando al menos de algo positivo, todo nuestra frustración y enfado se torna en sonrisas cuando hablamos del otro español. Sí ahí está la gran actuación de Carlos Sainz. El niño le metió siete décimas a su compañero, el talentoso Verstappen, en la Q1, después se clasificó para la Q3 con una buena vuelta en la Q2 incluso por delante de Kvyat y su Red Bull y está claro, le pese a quien le pese, que tiene talento suficiente para vivir mucho tiempo y en los pisos superiores, sino en el ático, de esta urbanización de superlujo que es la Fórmula 1. Finalmente décimo, el máximo posible con su Toro Rosso. Y es que es ahí donde se ve a los grandes pilotos, los que son capaces de llevar al límite su coche.

Y eso es lo que hace, sobre todo y ante todo, cada vez que sale a dar una vuelta de calificación un genio como Lewis Hamilton. Décima pole para el británico. El inglés lleva en la primera línea de parrilla de salida desde Bélgica del pasado año, 48 poles para el campeón del mundo, el líder del Mundial. Y es que para ser el mejor no hay nada como la felicidad. Critiquen ahora el estilo de vida de este loco de los circuitos, de este piloto del pasado que llegó de la nada para dominar este deporte. Ahora tiene coche y nadie le puede parar. No su compañero de equipo, claro, casi medio segundo le metió a Nico Rosberg. Nada más. Nada menos.

Tras los dos Mercedes volvió a estar el Williams de Bottas. Y es que Ferrari regresó a los tiempos de mil excusas, esos en los que decían, parecían… y después nada. Raikkonen con problemas en el coche apenas rodó y Vettel se tuvo que conformar con el noveno puesto a casi dos segundos y solo por delante de Sainz entre los diez primeros de la Q3.

Magnífico quinto puesto de Checo Pérez con el Force India, le volvió a sonreír el talento al mexicano, ahora con barba, y le destrozó los tiempos al brillante Hulkenberg, sigamos confiando en Sergio. Lo merece.

También destacable Daniel Ricciardo, sexto con el Red Bull que ama las curvas y repele las rectas, pero es un coche digno. No como el McLaren. Solo hundido al final del todo les permite limitar la vergüenza a los de Woking, el equipo Manor con Merhi atrás del todo con menos velocidad que su compañero Stevens. Lo cierto es que Dennis, Arai y el resto de gerifaltes del proyecto que está viviendo unos inicios que nadie podía pensar deberían hacer una contribución a Manor, por evitarles el harakiri. Al menos eso.

Mientras, Hamilton seguirá bailando al ritmo que marca su corazón feliz y su enemigo íntimo Alonso continuará buscando en el corazón las razones que la razón no encuentra…

Vía As.com

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