Sep 242015
 

Con 24 años, era el campeón más joven y acabó con la tiranía de Schumacher

18[1]El viernes 25 se cumple una década de uno de los grandes hitos del deporte español, la primera corona mundial de Fernando Alonso, el piloto que paralizó un país y convirtió un deporte minoritario en el segundo más seguido de España. Alonso, con 24 años, se convertía en el campeón más joven de la historia de la Fórmula 1 y acabó con la tiranía deportiva del más laureado: Michael Schumacher.

Pasados los años de aquél 25 de septiembre de 2005 sólo queda una duda: si Fernando Alonso fue el gatillo que disparó la edad de oro del deporte español que llegó en la década posterior y que poco a poco se va agotando. Tan inesperada fue esa racha, que incluyó inéditos títulos mundiales de fútbol y baloncesto, como la propia hazaña del piloto español, quizás la más sorprendente de todas.

Para los muy jóvenes ahora, la imagen de Fernando, que transita por un proyecto y un año muy complicado, no es la misma que los jóvenes de hace 10 años vivieron -vivimos- en primera persona. La conquista, la figura, la aparición fulgurante y su batalla con el gigantesco Michael Schumacher, reunió el argumentario que más gusta en España, el chaval salido del terruño que armado de talento y sin un duro supera a los mejores del mundo en la especialidad. La más complicada que existe. Si hubiera pisado Marte no habría tenido más impacto.

Alonso fue el primero en escalar esa cima imposible, ser el mejor, y plantar la bandera que luego izó Rafa Nadal, que arrancó ese año a coleccionar títulos de Roland Garros y a pelear con Fernando en el terreno de los grandes, a llamar a la puerta del Olimpo de Induráin. Un duelo en el que entró Pau Gasol, que venía del bronce en el Europeo de 2001 y la plata en el de 2003. Se saltó justo el de 2005, pero en 2006 ya elevó a España al título mundial. Ahí siguen los tres todavía, regañando su escalafón, con cuerda para rato, historia viva si las lesiones (o los coches competitivos), les respetan.

Con Alonso se unió además un componente único, el atractivo por descubrir un deporte sofisticado y elitista, sin un referente mediático en la era moderna en España, con poca tradición. Casi un nicho televisivo, pasto de auténticos aficionados con enormes antenas parabólicas pero indescifrable para la gran mayoría. Los de dos generaciones atrás vivían del recuerdo del genial y glamuroso Marqués de Portago y su Ferrari, y los de una generación, de las andanzas de aquel pionero, Emilio de Villota, empeñado en fabricarse la primera escudería española y correr como fuera y con lo que fuera.

Adrián Campos, Luis Pérez-Sala, Marc Gené o Pedro de la Rosa tuvieron chispazos esporádicos, se asomaron a la fama con desigual presencia, hasta que el chico de Oviedo decidió no esperar a Ferrari, que hay que tener valor, y confiar en Renault, que le daba un asiento oficial. Con él empezó a batir los récords de juventud de un deporte con más de medio siglo y fue tal la expectación popular que metió a 250.000 personas en una exhibición en Madrid antes si quiera de ganar su primera carrera (mayo de 2003). Lo mismo que se metió el Príncipe de Asturias en el bolsillo un par de semanas antes de ser campeón del mundo.

Siempre antes, siempre rápido, su ascenso fue igual de vertiginoso, y su popularidad aceleró de 0 a 100 en pocos meses. La Fórmula 1 se convirtió en un fenómeno de masas, pasto de tertulias de bar, y en el segundo deporte en España tras el fútbol. Lo sigue siendo una década después. Su victoria en Brasil, la carrera del título, la vio una media de 7.1 millones de personas, con picos de 10. Un auténtico fenómeno, deportivo y social, que 10 años después aún no ha perdido potencia deportiva, ya que se le sigue considerando entre los tres mejores de la parrilla y su palmarés le ha incrustado entre los mejores de la historia del Gran Circo.

Alonso se proclamó el campeón más joven de la historia de la F1 el 5 de septiembre de 2005.

Vía Marca.com

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