Sep 142021
 

Hamilton, Grosjean, Leclerc… el sistema de protección de la cabeza, tan criticado desde su implantación en 2018, ha salvado de muchos disgustos a los pilotos de F1

ImagenGracias a Dios por el Halo que, en última instancia, creo que me salvó y me salvó el cuello. Fue una clara muestra de como un milisegundo cambia una carrera a algo más aterrador, así que siento afortunado”. Así definió Lewis Hamilton el susto que pasó al sentir el neumático trasero derecho del Red Bull de Max Verstappen, sobre su cabeza. Poco, pero impactante y decisivo de no ser por el Halo.

“Luego me dolió mucho la cabeza, el cuello estaba algo más rígido y cosas que con la adrenalina del momento no noté, solo queria seguir, pero desde luego es la primera vez que me cae un coche encima”, aseguró el siete veces campeón del mundo. “Aunque creo que viviré”, cerró.

El autor del milagro, otra vez, fue el Halo, el tan criticado al principio dispositivo de protección de la cabeza, implantado obligatoriamente en 2018, pero desarrollado durante otro lustro tras los accidentes fatales de Henry Surtees en la F2María de Villota por las secuelas tras un test, Jules Bianchi en el GP de Japón o Justin Wilson en 2015.

“El Halo definitivamente salvó la vida de Lewis. Habría sido un accidente horrible, en el que ni siquiera quiero pensar, si no hubiéramos tenido el Halo”, reconoció Toto Wolff, que en el inicio de los tiempos, bromeaba con que “lo arrancaría con una motosierra de lo feo que es, aunque sea efectivo, pero pesa demasiado”, decía en 2017.

Los más contrarios entre los pilotos, que los hubo, los sospechosos habituales como Kevin Magnussen, que siempre se quejaba de lo feo que era el dispositivo “que nos impedirá ver bien sobre todo en cuestas”, o Nico Hulkenberg, algo más sorprendente: “El Halo es algo muy malo, no solo porque parece ridículo, sino también por la improbable posibilidad de que ocurra un accidente en el que el Halo sería una ayuda. El deporte se basa en la velocidad y la velocidad, los pilotos lo saben”. Desde luego se cubrió de gloria en esos test de pretemporada de 2018.

Sobre todo recordando las increíbiles imágenes de Tadasuke Makino y Nirei Fukuzumi en la F2 en Montmeló 2018, a los pocos meses de su implantación, poco conocidas, pero que ya dejaban claro el éxito rotundo del dispositivo, fabricado en titanio por la FIA (no se subcontrata para evitar tuneos), capaz de soportar 12.000 kg de peso, como un autosbús de dos pisos de Londres.

Aunque nada comparable a las posteriores de Charles Leclerc ese mismo año, aún pilotando para Sauber, y de Romain Grosejan en Bahréin 2020. El del monegasco en Spa dio algunas de las imágenes más impresionantes de esa temporada con Fernando Alonso, a su vez empujado, pasando por encima y pisando el Halo suizo.

Grosjean reconoció su error cuando se vio vivo y abrazando a su mujer e hijos tras el horripilante accidente de Sakhir. En 2018 decía que “no necesitamos nada. Estoy en contra de todos los Halo o Shield o lo que sea, no es F1”, y luego: “Sé que fui crítico en el pasado, pero sin él no estaría aquí ahora, es el mejor invento de la historia de la F1”. No solo le salvó la cabeza al quedar incrustado en las barreras, sino que le permitió salir sin quedarse atascado en el incendio posterior.

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Así fue el accidente de Grosjean
Vía Marca.com
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