Sep 152012
 

Sid Watkins, o por qué desde Ayrton Senna nadie ha muerto en la Fórmula 1

“No soy una persona religiosa, pero cuando Ayrton expiraba, sentí que su alma salía de su cuerpo”. Sid Watkins, durante veinticinco años máximo responsable médico de la Fórmula 1, vio morir a su amigo Ayrton Senna tumbado en la curva Tamburello. El día anterior, el brasileño había llorado en su hombro por la muerte del austríaco Roland Ratzenberger. Watkins le sugirió que se apartara de la Fórmula 1 y marcharan a pescar juntos a su Escocia natal como ya habían hecho en el pasado.

Desde la muerte de Senna, la Fórmula 1 no ha vivido otro fallecimiento tan sentido. La interminable cascada de testimonios certifica el impacto de su obra y personalidad. Cabría preguntarse si Watkins era tan popular por su contribución a la seguridad, o por su formidable carisma, humanidad y sentido del humor (“un requisito esencial para trabajar con algunos pilotos y oficiales”, reconocía)". La respuesta de estos días confirma que fue por todo ello.

Lo primero, limpiar las moscas

Era “alguien querido y respetado a partes iguales”, como ayer reconoció Jean Todt. Nadie discutirá sus palabras. “Un ser humano muy especial”, recordaba ayer Frank Williams, quien fue atendido por el doctor británico tras el accidente de tráfico que le casó a una silla de ruedas para siempre. Si algo impresionaba a Williams de Watkins era el “respeto que por él sentía Bernie Ecclestone”.

Siempre interesado en el cerebro humano, Sid Watkins trabajó desde 1962 como profesor universitario en Syracuse (Estados Unidos). De ahí su sobrenombre en la Fórmula 1, “The Prof”. Por su afición al automovilismo y su condición de neurocirujano, se involucró en el equipo médico del Gran Premio de Estados Unidos en Watkins Glen (“lo primero que hacíamos era limpiar las moscas acumuladas desde la ultima carrera”). De vuelta a Gran Bretaña, montó un equipo médico para el Gran Premio británico, hasta que en 1978 Ecclestone le pidió que mejorara las condiciones de seguridad en todos los circuitos del calendario.

El caos de la seguridad

Ese mismo año, Watkins vivió el caótico accidente de Ronnie Peterson que le abrió definitivamente los ojos ante las patéticas condiciones de seguridad de la Fórmula 1. La ambulancia tardó casi dieciocho minutos en llegar, la policía impedía nadie se acercara al monoplaza del sueco, con graves heridas en las piernas. La intervención quirúrgica fue una sucesión de errores médicos. Peterson falleció a la mañana siguiente.

Dos semanas más tarde, en Estados Unidos, Watkins tenía que pedir dos cascos prestados para cumplir con su función, utilizando el mono también prestado de Jody Scheckter, y su asistente, otro de James Hunt. El conductor del coche médico, inexperto, casi se estrella al seguir a los monoplazas en la primera vuelta. Aquello tenía que acabar.

A partir de la siguiente carrera Ecclestone le garantizó un piloto y un coche de seguridad (el “Medical Chase Car”) en cada circuito. Incluso Niki Lauda ejerció como su conductor en alguna ocasión, con la condición de que Watkins no fumara sus famosos y omnipresentes puros dentro del coche. En Monaco 2002, curiosamente, su coche sufrió un accidente al fallar el ABS. Conducía uno de sus piloto favoritos, el brasileño Alex Ribeiro. “The Prof” se fracturó varias costillas.

La intervención rápida, crucial para salvar vidas

Tras el accidente de Peterson, su primera preocupación fue acabar con los peligros del fuego, presente en casi todos los accidentes de la época. Con los años lo consiguió. Poco a poco fue mejorando los procesos de asistencia en el lugar del accidente. Berger (Imola,1989) y Donelly (Jerez 1990), Hakkinen (Adelaida 1995) literalmente salvaron su vida gracias a Watkins. En el caso de Berger, tardó en llegar veintisiete segundos al lugar del accidente. Fueron decenas de pilotos los que recibieron su asistencia a veces milagrosa. Algunos de ellos (Brundell o Barrichello) lo recordaron ayer.

En 1981 se creó la Comisión Médica de la FIA, dirigida por él mismo. En el año del accidente de Senna otros cuatro pilotos terminaron gravemente heridos. Con el impulso y gran apoyo financiero de Max Mosley, se creó el Expert Advisory Group bajo la supervisión de Watkins, que aceleró de manera espectacular la evolución de la Fórmula 1 en materia de seguridad.

Compuesto por pilotos, ingenieros, técnicos de la FIA y diseñadores de circuitos, impulsó innumerables medidas con métodos de trabajo estrictamente científicos en todas las áreas: equipamiento del piloto, construcción de los monoplazas, diseño de los circuitos, medidas técnicas para la reducción de prestaciones…

Una personalidad paternalista para los pilotos

Su experiencia profesional al margen de la Fórmula 1 (lesiones de cabeza y cerebrales) le llevó a desarrollar un especial sentido de la vida. Su humor era brillante, inteligente, y unido a su personalidad asertiva, le convirtieron en una personalidad paternalista para los pilotos. “He conocido a muchos, y buscaban su consejo en asuntos que iban más allá de la seguridad”, recordaba ayer Frank Williams. Sus peticiones eran órdenes para Ecclestone, quien en 1978 amenazó con colocarse delante de la parrilla para interrumpir la prueba de Alemania si no se permitía a Watkins subir a la torre de control, como él mismo pedía.

Durante muchos años, Watkins compartió sus labor profesional con la Fórmula 1 de forma infatigable. Según él mismo contaba, “pasaba 140 días al año en los circuitos”, siempre listo en cada sesión, fuera carrera o entrenamientos. Agotado por los vuelos (“82 días de mi vida enteros”), se retiró en 2004. Ese mismo año fue nombrado presidente Motor Sport Safety, comisión de la FIA en la que su trabajo y experiencia alcanzó también a los rallies. En 2002 recibió la Orden del Imperio Británico.

Ahora, uno de trescientos

Durante su época en activo, Jackie Stewart llegó a llevarse su propio doctor a los circuitos ante las condiciones de seguridad de la Fórmula 1. “Moríamos un piloto cada mes” recordaba Stewart. “Cuando comencé, uno de cada diez accidentes era mortal. Ahora, la relación es uno de trescientos”, explicaba el propio Watkins al retirarse. En la Fórmula 1, el riesgo fatal siempre está presente pero que nadie haya fallecido desde 1994 es en gran parte mérito y responsabilidad suya.

Ayrton Senna, su gran amigo personal, fue el último piloto en fallecer en un Gran Premio de Fórmula 1. Hoy, finalmente ambos habrán cogido la caña de pescar por los ríos de Escocia.

Vía Elconfidencial.com Articulo de Javier Rubio

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